Abres la puerta del potrero y el ganado entra rápido.
Primero busca las hojas más tiernas. Después regresa a los mismos lugares, mientras otras zonas quedan casi intactas.
Al final del día observas algo que quizá ya te parece normal:
– Sectores comidos muy abajo.
– Áreas con tallos altos y envejecidos.
– Plantas que el ganado evita.
– Mucho movimiento, pero poco aprovechamiento uniforme.
El potrero tiene vegetación, pero el ganado decide qué comer, dónde comer y cuántas veces volver al mismo sitio.
Y cuando eso ocurre, tú terminas pagando la diferencia.
El ganado siempre busca lo mejor.
Los animales no recorren el potrero pensando en su recuperación futura.
Buscan lo que les resulta más tierno, agradable y fácil de consumir.
Cuando disponen de un área demasiado grande durante mucho tiempo, pueden seleccionar libremente:
Comen primero lo mejor.
Ignoran parte del forraje.
Regresan sobre los rebrotes más tiernos.
Dejan plantas maduras que después pierden calidad.
Así, una parte del potrero recibe demasiada presión y otra queda desaprovechada.
A simple vista parece que tienes mucho alimento. Pero una parte ya no es atractiva para los animales y otra no alcanza a recuperarse.
La diferencia aparece después.
El costo no siempre se nota el mismo día.
Aparece semanas o meses más tarde, cuando:
– Las plantas más consumidas producen menos.
– El rebrote tarda más en recuperarse.
– Quedan áreas con material viejo.
– Los animales caminan más buscando bocados tiernos.
– El potrero deja de alcanzar antes de lo esperado.
– Comienzas a comprar alimento o mover ganado por urgencia.
Entonces parece que falta tierra o que necesitas sembrar nuevamente.
Pero parte del problema puede estar en la forma en que el ganado utilizó el área.
Cuando el ganado controla el espacio y el tiempo, aprovecha primero lo mejor y deja al ganadero los costos de lo que se perdió.
El potrero puede estar diciendo algo.
Durante tu recorrido diario, observa:
¿Hay zonas peladas junto a otras con plantas altas?
¿Los animales vuelven varias veces al mismo rebrote?
¿Permanecen buscando comida aunque todavía se vea vegetación?
¿Queda mucho tallo que ya no quieren consumir?
¿El potrero tarda más en recuperarse después de cada entrada?
Estas señales pueden indicar que no falta únicamente forraje.
Puede faltar mayor control sobre cuánto espacio reciben los animales y cuánto tiempo permanecen allí.
Dividir te ayuda a decidir.
La división móvil permite entregar un área más ajustada a las necesidades del ganado.
No busca obligarlo a comer todo ni dejar el suelo desnudo.
Busca reducir la selección excesiva y ayudarte a observar:
– Cuándo entran.
– Cuánto consumen.
– Qué dejan.
– Cuándo deben salir.
– Cuánto tiempo necesita recuperarse el área.
El tamaño adecuado no es igual todos los días. Cambia con el número de animales, la cantidad de forraje y la época del año.
Por eso, mejorar el pastoreo no consiste solamente en abrir una puerta.
Consiste en recuperar el control de las decisiones.
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